16 septiembre 2011

Es increíble el tiempo que me sobra ahora que estoy sola; tengo más tiempo para mi del que quisiera. Viernes por la tarde y he estado sin compañía todo el santo día. Leo un libro "vidas vulnerables"(Pablo Simonetti) que trata sobre distintas historias donde a las personas se les ve humilladas, vulnerables y patéticas...

En estos momentos mi casa parece demasiado grande, el tiempo pasa muy lento y los recuerdos van y vienen. No hay ni un solo ruido, sólo el del teclado del notebook, hay paz, nostalgia y tranquilidad en mi hogar este viernes. Veré una película en la noche mientra coma algo, ya me he hecho la idea de que por ahora sólo soy yo, dios y nadie más...


1 comentarios:

  1. Para uno de esos momentos de tedio, un bonito relato:

    ¿Ya vió el árbol?

    Mi vecina, la señora Bosch, fue la primera en señalármelo.
    -¿Ya vió el árbol? -Me preguntó un día de octubre al salir de casa-. El de la esquina. Está hermoso con tantos colores. Debería verlo.
    Le dije que lo haría, pero pronto lo olvidé. Tres días después iba por la calle con la mente llena de preocupaciones triviales, cuando un estallido de color naranja brillante atrajo mi mirada. Por un instante creí que se estaba incendiando una casa. Luego me acordé del árbol.
    Cuando me hallé más cerca, aminoré el paso hasta detenerme. En la forma del árbol no había nada de particular; era un arce de tamaño mediano. Pero la señora Bosch tenía razón: sus colores eran fascinantes. Como un remolino de manchas en la paleta de una pintora, el árbol despedía un resplandor carmesí en las ramas bajas, ardía con vívidos amarillos y naranjas en el centro y alcanzaba un borgoña oscuro en lo alto. Entre estos colores ardientes descendían en cascada hojas verde pálido e incluso verde oscuro, no tocadas aún por el otoño.
    Me acerqué con la veneración de un peregrino y advertí la presencia de hojas muertas tapizando de color escarlata el suelo próximo al tronco.
    El árbol parecía abarcar en sus ramas todas las estaciones y continentes: la primavera y el verano del Hemisferio Sur en sus verdes, el otoño y el invierno del norte en los amarillos refulgentes y las primeras ramas desnudas.
    Mientras me deleitaba con su belleza me vino a la mente el comentario del poeta Ralph Waldo Emerson acerca de las estrellas. Si las constelaciones aparecieran sólo una vez cada cien años, ¡qué acontecimiento tan emocionante sería!
    Pensé lo mismo con respecto al árbol. Como su majestuosa belleza dura sólo una semana, deberíamos apreciarla en lo que vale.
    Y yo por poco me lo pierdo.
    Deseando que nadie deje de disfrutar de esta maravilla, a cuanto vecino me encuentro en el camino de regreso a casa le hago la misma pregunta –sencilla pero trascendente- que me hizo la señora Bosch: “¿Ya vió el árbol?”.

    Adaptado de Robert Kyff. “Hartford Courant” 21.X.1990.

    Feliz celebración Ximena.

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